<<Sin puntos de referencia, como en un gran desierto. Sintiendo el vértigo de sobrevivir y al borde de no lo lograrlo, abandonó la estación cubierta de una fina capa de miedo a la incertidumbre. Detestaba la angustia de esperar algo, prefería vivir sin más. Pero el epitafio de aquella aristócrata le recordaba que incluso cuando todo parece dispuesto para la felicidad, para lograr los sueños, los hados disfrazados de tí mismo, pueden destruirlo todo.>>
Yo, llamada Jimena I. Persérveme Dios del castigo

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