"...Podemos tú y yo comenzar una nueva etapa ahora, sin esperar a que uno de los dos enferme o se muera para admitir que perdimos mucho tiempo alejándonos o discutiendo? Necesito una nueva etapa contigo, en la que deje de sentir resentimiento”.
…Y lo habían hecho, porque no hay nada como persistir, como intentarlo una y otra vez aprendiendo de los errores, para, tal como los artesanos hacen con sus obras, lograr mejorar en algo. Persistir y aprender, esa era la clave.
Así que durante esos siete años eso es lo que habían hecho, intentar una y otra vez comunicarse mejor, perdonarse y volver a empezar. Y mirando atrás, reconocía Jimena que habían progresado mucho.
Se habían ido acomodando a sus espacios, y sin esfuerzo ahora ambos podían entenderse, incluso sin palabras..."
Yo, llamada Jimena III. El Mortal Tributo
A veces creemos que las relaciones se rompen de golpe, pero lo cierto es que casi siempre se desgastan poco a poco, en lo cotidiano, en lo que no se dice, en lo que se deja pasar.
También ocurre lo contrario, no se reconstruyen en un instante, sino en pequeños gestos repetidos. En la voluntad de entender, en el esfuerzo por escuchar, en la decisión —consciente— de no abandonar del todo.
Persistir no es insistir a ciegas. Es aprender. Es ajustar. Es reconocer lo que duele sin convertirlo en distancia definitiva. Hay algo profundamente humano en volver a empezar.
En aceptar que no siempre lo hicimos bien, pero que aún así queremos hacerlo mejor. Quizá no se trate de evitar el conflicto, ni de aspirar a una armonía constante.Tal vez se trate de algo más sencillo y más difícil a la vez: de permanecer, de cuidar, de elegir seguir.