Esta novela nace entre dos Jimenas separadas por siglos: una fijada en un epitafio medieval que sigue hablando desde la piedra, y otra nacida en el Bierzo a mediados del siglo XX, fotógrafa. Entre ambas, el paisaje se repite y el tiempo se pliega entre ambas, rememorando lo que persiste, lo que se repite, lo que nunca termina de irse del todo.