<Había en mi una necesidad continua de compensación. Sentía que la vida me debía algo y por tanto, me resultaba intolerable que el curso de las circunstancias siguiese su ritmo sin que los demás repararan en que se había cometido una injusticia conmigo, y que debían, de algún modo, rcompensarseme. (...) Yo quería otra cosa, estaba enfadada y quería que todo el mundo me pidiese perdón, (...). Me habían expulsado desde el paraíso de la infancia a la negritud de la vulnerabilidad, la inseguridad permanente, la inestabilidad, la muerte. Con los años, poco a poco tu empezaste a personificar todo lo que se me debía.>>

Yo llamada Jimena III. El mortal Tributo

Hay momentos en los que la vida no solo duele,sino que parece injusta. Como si algo se hubiera torcido en un punto que no elegimos y desde entonces camináramos con la sensación de que se nos debe algo. Una explicación. Un gesto. Una reparación que nunca llega. Esa forma de enfado no siempre es visible. A veces se instala en silencio, y va buscando lugares donde apoyarse. Personas en las que depositar lo que falta. Vínculos que, sin saberlo, cargan con algo que no les pertenece del todo. Quizá no sea tanto rabia hacia los otros, como una forma de no saber dónde colocar la herida. Porque crecer también tiene algo de eso, de aceptar que hay pérdidas que no se compensan, etapas que no regresan, y certezas que se rompen sin previo aviso. y  sin embargo, en ese reconocimiento, empieza a abrirse otra posibilidad. No la de recuperar lo perdido, sino la de dejar de exigirle al mundo que lo devuelva.

Emoción: Rabia
Personaje: Sofía